Es la palabra más exacta para describir lo que sentí al estar escalando en la cima del mundo, en las montañas del Himalaya, en Nepal.

Caminar a través de los pequeños pueblos Tibetanos, hermosos valles, místicos monasterios Budistas, gigantescas montañas, enormes puentes colgantes... estas experiencias brindan la oportunidad de tener una mirada más cercana a la inmensidad del mundo... y a la profundidad de nuestro ser.
Y a todo esto, después de India... ¿cómo llegué ahí? La mejor explicación es que me dejé llevar por el viento. El plan original de mi viaje era solo viajar y trabajar en India, pero una vez rotas las fronteras, parece que seguir los impulsos y tramitar visas es un asunto de lo más sencillo...
En India conocí a Emile, un amigo "gringo- inglés - iraquí - armenio – árabe” (sí, ese es el resultado de las migraciones transnacionales después de varias generaciones de tutores nómadas), él tenía el proyecto de escalar las montañas de Nepal desde hacía algunos meses, y sin analizarlo mucho sólo pensé... "¿qué sentido tiene caminar por caminar?", y aún con el escepticismo, decidí acompañarlo a lo que se convertiría en una de las experiencias más retadoras y trascendentes de mi vida...
El grupo de escaladores aficionados lo formamos Emile, Jeff , Jim y yo. Iniciamos el viaje a Nepal desde Rishikesh (India), y todo comenzó con un viaje de 14 horas en un camión sin ventanas que rebotaba sin piedad. Siguiente parada: 3am en un pueblo rural casi fantasma, tomamos ‘Chai’ (té típico con bastantes especias) y después de 4 horas abordamos las fantásticas carretas jaladas con caballos, (¡pobres animales!), con esto de la sobrepoblación de India tuvieron que cargar a 20 personas en una carreta diseñada para 6 personas.
Después de algunas paradas y bastantes ‘Chais’ llegamos a la oficina de migración de Nepal… como nuestro viaje fue por un camino “alternativo”, la importante oficina solo contaba con un par de mesas, tres sillas y un oficial que hablaba casi nada de inglés. La Visa: 30 usd, 30 días, sin distinción de nacionalidades (¡por fin!).
Una vez en Nepal todo parecía ser mucho más ‘habitable’ que India… la economía de Nepal no es buena, y la traducción más cercana fue notar la ausencia de carros… en cambio, hay muchísimas bicicletas y por ende ¡menos ruido! Pero la paz duró muy poco, tomamos otro camión rural por 15 horas para ir a Pokhara, el pueblo desde donde se inicia a escalar el circuito más famoso del Himalaya en Nepal: “The Annapurna Circuit”. Pokhara es un pueblo precioso, mucho más ordenado que muchos pueblos de India, con acceso a servicios y estilos occidentales porque está repleto de turistas de todo el mundo.
Por supuesto, este humilde Mexicano no tenía planeado escalar… Así que en un par de días encontré algunos lugares donde rentar mi equipo y la ropa adecuada. Los precios son accesibles y los gastos diarios por escalar tienen un promedio de 15 a 20 usd por día.
Y ahora la mejor parte… el día en que iniciamos a escalar. Ahora todo parece un sueño, la sensación de comenzaran a caminar y dejar atrás casi todo el mundo material tiene una especie de seducción adictiva. En un solo día llegamos al primer campamento, y los frutos comenzaron a sentirse, el desapego y la cercanía de la cómoda soledad de la naturaleza me hicieron saber que hay un mundo inmenso del cuál no había sido parte, pero que definitivamente ansío descubrir.

Ahora la parte difícil… para escalar en mejores condiciones hay que levantarse a las 4 o 5am, preparar el equipo en temperaturas gélidas y disponerse a comer Sambal tibetano(avena) y huevos cocidos todas las mañanas. En promedio caminamos de 6 a 9 horas diarias cargando aprox. 5 kilos en la mochila más 2 litros de agua. Hay que seguir cuidadosamente los mapas y guías para no perderse (como nos pasó el primer día) y estar dispuesto a tolerar algunas ampollas en los pies.

Y ahora la parte espléndida… las montañas y los paisajes del Himalaya cambian paso a paso, literalmente, al inicio los valles con siembras de arroz y ríos inmensos llenan el panorama, y poco a poco, el frío comienzan a apoderarse del territorio. Los pueblos en el camino parecen estar fuera de la realidad, la belleza y la alegría de la gente parece más genuina… en algunas ocasiones la caminata está acompañada de monjes budistas que van en procesión a monasterios perdidos en medio de montañas congeladas. En algunos lugares tuve la suerte de dormir en campamentos cercanos a Monasterios en los que cada mañana, los monjes nos bendijeron y entonaron mantras para embellecer nuestro camino. Estos, sin lugar a dudas, fueron momentos mágicos, cargados de energía positiva, de desapego, libertad, belleza y paz.




El recorrido de Annapurna lo realizan sobre todo personas jóvenes, pero con ayuda de personas guías y cargadores de equipaje hay algunas personas mayores que deciden tomar el reto…
Mi recorrido fue una especie de experiencia integral… tuve la oportunidad de perderme en medio de la soledad de la increíble naturaleza, y en otros momentos, decidí compartir mi caminata con gente que conocí en el camino. Parecía que todos estábamos en la misma sintonía, algo volatizados y extasiados por lo que estábamos viviendo… las conversaciones que tuve (cuando teníamos aire suficiente para hablar) también son parte fundamental de la experiencia. Como un ejemplo, caminé algunos días con amigos de Israel, y en esas largas horas abrieron su mundo para mí y me contaron sus complicadas y tristes historias personales con respecto a la situación bélica en la que viven en su país… En general, puedo decir que muchas de las personas con las que conviví en estos pasos ahora son seres que quiero mucho y que forman parte importante de lo que me construyó. Quizás nosotros fuimos mucho más susceptibles, vulnerables y transparentes allá arriba, y puede ser que quizá, cuando estamos aquí abajo, al estar conectados al mundo, desconectamos mucho más fácilmente la capacidad para que ese mundo vea nuestro interior. Allá no había mucho qué temer, allá el día tenía preescrito lo que había que hacer (y lo disfrutaba)… aquí abajo hay situaciones que temer y afrontar, pero todo es mucho mejor si imagino que las calles y los ruidos son para mí como las montañas y el viento de aquel magnífico lugar: Himalaya.































1 comentario:
Nunca pensé que una persona podía llegar a ser tan libre. El significado y la profundidad de la palabra libertad depende del sentido que le des en tu vida. Gracias por recordarme con tu aventura tan bien relatada, que no existen límites para el ser humano que quiera ser libre... Tal vez nunca vaya a Nepal o a India como tú, pero siempre tendré presente que será mi elección no hacerlo.
Lily G. desde Panamá
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