En uno de los fines de semana libres del trabajo aproveche para realizar un viaje un tanto exótico, apresurado: una visita al Himalaya.Laura, Natalia y yo tomamos el tren que va de Sealdah (Kolkata) a Siliguri, una población en la planicie, antes de las montañas. India tiene una de las redes de trenes más grandes del mundo, y su funcionamiento conecta diariamente a millones de personas en distintos tipos de servicios, incluso hay redes medianas (suburbanos) que transitan gratuitamente y conectan muchas ciudades, aunque su estado es bastante deplorable. (Aunque el servicio público de tren es una gran ventaja, la baja calidad del servicio se traduce en un gran número de accidentes fatales por estampidas humanas.)El viaje en el tren fue una sorpresa, recorrimos nuevas imágenes de la India, y el sol del atardecer (desde mi vagón) me regaló estas fotografías:





Llegamos a Siliguri a las 4am, y tomamos una nueva versión de taxi de la zona, ´taxi jeep´, solo así se puede subir las enormes montañas del Himalaya. Debo reconocer que antes de comenzar a “escalar”, no había reflexionado qué tanta alto íbamos a avanzar, y menos el camino que recorreríamos, así que un par de veces me di por muerto por ver el carro al filo de las cumbres. De repente, entre el susto, la altitud y la emoción, el taxista señaló al frente como buen ¨tour guide¨ y se detuvo para que pudieron observar al frente de nosotros la impresionante cumbre del Khangchendzonga, la tercera más alta del Himalaya:


Después del grandioso primer encuentro con el Himalaya, unos minutos después llegamos a Darjeeling. Esta pequeña ciudad está conformada en su mayoría por Nepalíes y Tibetanos, y muy poca población India. A diferencia de otras ciudades de este país, Darjeeling es bastante limpio en sus espacios públicos, no hay pordioseros en las calles, ni baños públicos, además, la población tiene un nivel educativo más alto, y esto se percibe en el trato con la gente local.
La ciudad es muy agradable y pintoresca, aunque no impecable, pero tiene muchos aspectos y lugares bastante interesantes…
El “observatorio”, es un templo dedicado a la deidad Budista Mahakala, que al mismo tiempo es una reencarnación del dios hinduista Siva (sincretismo Indio), y está en la parte superior de una montaña cercana al pueblo.

Lamentablemente, en los viajes nada es perfecto y de vez en cuando se corren riesgos inesperados que se vuelven toda una experiencia… en el trayecto al templo, aparecieron un grupo de monos, entre ellos un hembra cargando su diminuta cría, no resistí la tentación y me acerca “un poco” para tener una mejor fotografía, y de repente ¡/%$!(/(¡<, un mono macho salió de entre las ramas muy enojado y corriendo hacia mí! no tuve más remedio que hacer lo mismo porque venía directo así que corrí... corrí… corrí, y después de unos metros se rindió. Ahora que recuerdo el instante me río de mi mismo, pero en ese momento lo único que pensaba era “qué bueno que me aplicaron la vacuna contra la Rabia!”


En fin, después de mi maratón con el mono, encontramos el templo, místico y lleno de colores, un espacio sincretista muy interesante. No había mucha gente, pero pudimos ver a algunos devotos budistas, hinduistas y elementos de origen tibetano como las banderas de colores. Las religiones de India tienen un panorama mas o menos así: Hinduistas 82%, Musulmanes 12%, Cristianos 2.3%, Sijs 1.9%, Budistas 0.76% (Fuente: Lonely Planet, Editorial GeoPlaneta, 2005).


Al regresar al pueblo, la tarde fue perfecta para tomar un poco de té de la región en un buen restaurante llamado Glenary’s: paisajes perfectos en los ventanales, frío invernal y el té clásico de Darjeeling, uno de los mejores cotizados en el mercado mundial, aquí se puede tomar a muy buen precio, pero en otros países, su costo puede llegar a 2,000 dólares el kilo.



Al día siguiente continuamos el recorrido por la zona, visitamos el monasterio Budista “Buthia Busty Gompa”, un espectacular y cálido espacio lleno de energía. Había muchos niños estudiantes, “pequeños monjes” que saben ganarse rápidamente el afecto de quienes los visitan. No hay muchas restricciones para los visitantes (no hay demasiados, solo éramos 3), uno puede ir, adentrarse en todo el monasterio o quedarse ahí sentado simplemente observando.






Conocimos la sala principal de meditación, los libros que utilizan, la producción de velas especiales, y varios espacios. Los “niños monjes” nos esperaban afuera de cada lugar al que entrábamos, para luego guiarnos y mostrarnos más, siempre sonrientes y juguetones. En realidad lo disfruté mucho, podría decir que en casi cualquier espacio sagrado, de cualquier religión, hay una atmósfera innherente de paz que permite un poco de relajación… aunque no se comparta el credo.




Esta fue mi primer experiencia en un monasterio budista, muy “positiva” y agradable, no soy budista, pero estoy seguro de que si muchos investigan alguno de los textos del Dalai Lama, compartirían su pensamiento, por ejemplo está el que se titula “The Paradox of life”, una sustancial reflexión del retrato social actual.

Después del monasterio, Laura nos llevó a un punto cercano pero fuera de Darjeeling, desde donde se podía observar gran parte de la cumbre sembrada de té, contrastando con cielo imponente desde las alturas. Nos sentimos en la cima del mundo por algunos segundos, y en realidad no estábamos muy lejos de estarlo.

Al día siguiente (y último), montaña abajo, visitamos el Refugio Tibetano, que es un lugar donde cientos de personas del Tibet construyeron un espacio para vivir y para continuar desarrollándose en sociedad. India dio refugio al pueblo del Tíbet en la década de los 50 después de que China los invadió y masacró (aún sucede). El Dalai Lama, por ejemplo, siempre había tenido su sede en la ciudad de Lhasa en el Tíbet, pero desde 1959 huyó y también tiene refugio en la India, en un punto cercano al pueblo de Dharamsala.


Los centros de refugiados tienen orfanatos, escuelas, talleres, viviendas, templos, además de otros elementos más cualitativos, seguridad, mayor libertad… Estar en estos lugares es un reto para digerir su realidad, los refugiados tibetanos están organizados e interesados en difundir lo que está pasando, por ejemplo, tienen un museo en el que exponen con detalle fotográfico las torturas que se viven en la región del Tíbet, las matanzas y la asfixia de la libertad de creencia. China invadió el Tíbet, procurando un estado laico (de cierta forma), pero sin ningún respeto por la vida física y espiritual de los tibetanos.
Como dato curioso, al observar la fecha del inicio de los problemas y exilios del Tíbet, me di cuenta que, en una misma década, con algunos años holgando, sucedieron grandes explosiones políticas y bélicas: el Tíbet, la revolución Cubana, la segunda guerra mundial… y los ejemplos continúan alrededor del globo.
Al terminar la visita al refugio ya era hora para tomar el “jeep taxi” de regreso a la estación de tren, sin olvidar un té de por medio, y las últimas fotos del recuerdo…

